Cómo terminar por fin los proyectos personales que siempre empiezas

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Alan Avalos
| | 7 min de lectura

Toda mi vida he sido de esas personas con muchos intereses en distintas disciplinas, siempre intentando sacarle el mayor provecho a cada uno. Eso es casi imposible la mayor parte del tiempo, porque cada año acumulamos más responsabilidades, más compromisos y más de lo que queremos (o se espera) que aportemos a la gente que nos rodea. Intentar hacer algo que de verdad te llene en medio de todo eso se complica rápido, así que empezamos a arrinconar nuestras búsquedas personales. Algunas duelen al soltarlas, porque de verdad, de verdad, de verdad queríamos que funcionaran de algún modo.

¿Y si hubiera una forma de sacar adelante esos planes y proyectos? ¿O al menos llevarlos lo suficientemente lejos como para sentirte genuinamente satisfecho con el resultado, la experiencia y las lecciones que recogiste en el camino? El primer paso es dejar de ver cada uno como una montaña gigante que parece imposible de escalar. En su lugar, tienes que empezar a pensar en pedazos pequeños. Piezas que estés seguro de poder terminar en 30 a 60 minutos, no en días, semanas o meses.

Ese cambio, de montaña a pedazos, suena casi demasiado simple como para decirlo en voz alta. También es lo más útil que he aprendido sobre llevar los proyectos personales hasta la meta. Déjame explicarte por qué funciona y cómo echarlo a andar para que de verdad se mantenga.

Por qué abandonamos los proyectos que nos importan

Soy Alan. Desarrollo apps simples para el ecosistema de Apple por mi cuenta, incluyendo una app de Kanban llamada Hense y una app para coleccionar frases llamada Kandou. Pero mucho antes de todo eso, era (y sigo siendo) una persona con una carpeta llena de ideas sin terminar.

La mayoría de los proyectos personales no mueren porque dejen de importarnos. Mueren por cómo los vemos. Cuando imaginas “escribir un libro” o “aprender a dibujar” o “desarrollar una app” como una sola cosa enorme, tu cerebro hace lo sensato y se echa para atrás. La meta es demasiado grande para sostenerla, así que cada vez que te sientas viene todo su peso de golpe y ese peso es agotador antes de siquiera haber empezado.

Por ejemplo el desarrollo de apps. Me tomó mucho tiempo motivarme para crear mi primera app, porque siempre había visto todo el asunto como algo increíblemente complicado y que consumía mucho tiempo. Y no es solo la programación. Son decenas, a veces cientos, de pequeñas decisiones, todas al servicio de hacer algo útil para mí y quizá para otras personas alrededor del mundo.

La montaña es real. Pero la montaña también es el problema, no tu disciplina, no tu motivación, ni algún defecto de carácter con el que naciste. La forma en cómo estás armando el trabajo es lo que te detiene.

Un proyecto grande es en realidad un montón de tareas pequeñas

Este es el replanteamiento que lo cambia todo: un gran proyecto es sólo una serie de tareas y pasos pequeños, abordados uno por uno, que poco a poco te acercan a la meta.

Eso suena obvio cuando lo lees, pero casi nadie lo lleva a la práctica. Decimos “quiero aprender a ilustrar” y luego nos sentimos mal por no haberlo hecho, en lugar de empezar con “ver un tutorial para principiantes” o “dibujar un solo círculo hoy”.

Cuando divides un proyecto en piezas lo bastante pequeñas como para terminarlas en menos de una hora, pasan dos cosas. Primero, cada pieza deja de dar miedo, porque de verdad crees que puedes hacerla. Segundo, empiezas a generar impulso y el impulso es el verdadero combustible para terminar las cosas. No un arranque heroico de motivación que te la pasas esperando. Una cadena constante de pasos pequeños y terminables.

Este es el corazón de un sistema llamado Kanban. Empezó en el piso de una fábrica de Toyota hace décadas, pero la idea central es simple y funciona igual de bien para una persona que persigue una meta personal. Tomas el trabajo, lo divides en tarjetas pequeñas y mueves esas tarjetas por etapas conforme avanzas. Escribí una explicación completa de qué es Kanban por si quieres el contexto, pero no necesitas la historia para empezar a usarlo hoy.

Ver tu progreso es lo que te mantiene en marcha

Dividir el trabajo en tareas pequeñas es la mitad. La otra mitad es poder ver tu progreso.

Esta es la parte que la mayoría de las listas de pendientes hace mal. Una lista te muestra lo que falta, que en realidad es sólo una lista de todo lo que aún no has hecho. Algo que te hace sentir en un camino sin fin. Un tablero hace lo contrario. Te muestra lo que has movido, en lo que estás trabajando ahora mismo y lo que ya terminaste, todo al mismo tiempo.

Cuando ves una columna que se va llenando poco a poco de tarjetas terminadas, algo hace clic. Sientes que de verdad estás avanzando hacia lo que te propusiste, porque puedes verlo suceder frente a ti. Ese movimiento visible es lo que te lleva a través de los días en que no te sientes especialmente motivado. El tablero guarda tu progreso por ti y te lo muestra de vuelta cada vez que lo abres.

Cómo armar tu primer tablero

No necesitas nada elegante para empezar. Esta es la versión más simple posible.

Elige un proyecto. Sólo uno. Resiste las ganas de poner toda tu vida en un tablero la primera vez.

Haz tres columnas:

  • Por Hacer: las tareas pequeñas, cada una terminable en 30 a 60 minutos
  • Haciendo: en lo que estás trabajando ahora mismo (mantenla corta, idealmente una o dos tarjetas)
  • Hecho: todo lo que has terminado

Luego divide tu proyecto en esas tarjetas pequeñas y suéltalas en Por Hacer. No “aprender a ilustrar”. En su lugar: “ver un tutorial introductorio”, “dibujar formas básicas durante 20 minutos”, “bosquejar un personaje sencillo”. Cada tarjeta debería sentirse casi demasiado fácil. Ese es todo el punto.

Déjame darte un ejemplo real de mi propia vida. Siempre quise aprender a ilustrar y a hacer animación. Pero vengo de un hogar donde la regla no dicha era que, si no habías nacido con algún “don especial” para algo, ni siquiera debías atreverte a intentarlo. Esa creencia me pesó durante años. Lo que por fin me permitió empezar no fue decidir de pronto que tenía talento. Fue convencerme de empezar muy, muy simple, con pasos lo bastante pequeños como para que se sintieran alcanzables sin importar qué tan talentoso fuera o no. Un tablero lleno de tarjetas realizables te permite comenzar un camino en el que sientes que todo es alcanzable.

Justo por esto desarrollé Hense. Quería un tablero Kanban que viviera de forma nativa en mi iPhone, iPad y Mac, sin cuenta que crear y sin nada que me estuviera molestando. Algo que pudiera abrir, soltarle unas cuantas tarjetas pequeñas y volver a cerrar en el tiempo que toma tomarse un café. Si te da curiosidad por qué lo desarrollé en lugar de usar algo que ya existía, escribí sobre todo ese recorrido por separado.

Empieza con un proyecto esta semana

Si quisieras llevarte una sola cosa de esto, que sea esta: terminar las cosas que te importan tiene menos que ver con la disciplina y más con cómo organizas y ves el trabajo. Haz la montaña más pequeña cortándola en pedazos y luego pon esos pedazos en algún lugar donde de verdad puedas verlos moverse. El progreso visible es lo que termina empujándote hacia adelante en los días en que, de otro modo, te estancarías.

Así que elige un proyecto que hayas estado cargando en la cabeza, ese que duele un poco seguir posponiendo. Divídelo en cinco tarjetas pequeñas. Ponlas en un tablero. Mueve una tarjeta hoy. Ese es todo el método y es suficiente para empezar.

Esto también funciona para más que las metas personales. Si trabajas por tu cuenta o gestionas proyectos de clientes tú solo, aplica el mismo enfoque de tablero. También escribí sobre esto en cómo organizar el trabajo freelance cuando eres un equipo de una sola persona.

Si quieres un tablero para eso, Hense es la app que desarrollé justo para esto, para iPhone, iPad y Mac. Es gratis para empezar, así que puedes probar esto hoy sin comprometerte a nada.


¿Estás trabajando en algo que sigues con la intención de terminar? De verdad me encantaría saber qué es. Escríbeme.

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